LA GRECIA HOMÉRICA

Ver también : Troya, La Troya Homérica.
«Con el período al que corresponden las grandes migraciones de las tribus griegas se halla vinculada también la aparición de notables epopeyas creadas por los antiguos griegos: la Ilíada y la Odisea.
Los propios griegos, como es sabido, atribuían la aparición de estas dos obras poéticas a la creación de un anciano rapsoda ciego, Homero. La certidumbre en cuanto a la existencia histórica de Homero estaba entre ellos tan arraigada, que varias ciudades griegas, ya en épocas relativamente bien conocidas por nosotros, se disputaban el honor de haber sido su lugar natal. En la ciencia actual, lo concerniente al origen de ambos poemas y a sus particularidades temáticas, históricas y de elaboración, ha engendrado una enorme bibliografía, calculada en millares de volúmenes y otros textos de investigación e información. Pese a su variedad y a su carácter polifacético, todas las opiniones exteriorizadas acerca de la llamada «cuestión homérica» convergen en que ambos poemas fueron componiéndose gradualmente y a lo largo de un lapso bastante prolongado. Probablemente, algunos cantos griegos anidaban aisladamente entre la población de la Grecia europea, incluso durante el período micénico. Aun así, los poemas épicos compuestos sobre la base de tales cantos, a juzgar por su lenguaje —básicamente jonio, pero con el aditamento de algunas formas eólicas y aqueas—, estaban vinculados por su procedencia con el litoral occidental del Asia Menor.
Ambos poemas, compuestos a lo largo de un extenso período, se transmitieron oralmente de generación en generación, y una vez adoptado el alfabeto fueron recopilados por escrito. Como resultado de ello, el contenido de ambos poemas refleja diversas épocas históricas. Episodios separados, de carácter semi-legendario, que se exponen en los mismos, estamparon las relaciones y el género de vida característicos de la época micénica, mientras en la mayor parte de otros episodios encontró su reflejo el denominado período homérico, al que por lo general se lo ubica aproximadamente entre los siglos XII y IX a. C. Finalmente, en los poemas halló también cierto reflejo un período bastante posterior, el de los siglos VIII al VI a. C., que precediera inmediatamente e incluso coincidiera con la época de las primeras anotaciones escritas de los mismos.
Los descubrimientos arqueológicos han venido a esclarecer el contenido de los poemas. Los hombres de ciencia que se ocupan de esta cuestión han prestado atención, desde hace mucho ya, al hecho de que los monumentos de la época micénica se encuentran infaliblemente en los lugares mencionados en la epopeya, no hallándoselos jamás, en cambio, en los lugares desconocidos para la misma. En otros casos, objetos que figuran en los poemas, tales como, por ejemplo, la copa de Néstor mencionada en la Ilíada o el yelmo con colmillos de jabalí, son confirmados directamente por los hallazgos en las excavaciones de los monumentos de la época micénica. Ciertamente, no todas las descripciones homéricas, ni mucho menos, se ven confirmadas arqueológicamente, y algunos de esos objetos pertenecen manifiestamente a una época considerablemente posterior, a los siglos VIII al VI a. C., como, por ejemplo, las hebillas, la descripción de los peinados y tocas femeninas, etc., mencionadas en la Ilíada y en la Odisea. A este respecto, Lorimer, autor de una obra publicada en Londres en 1950, dedicada especialmente a la confrontación del epos homérico con el material arqueológico, previene, no sin fundamento, contra el excesivo entusiasmo puesto en la búsqueda de rasgos de la edad del bronce en la epopeya, considerando que de tales rasgos había mucho menos de lo que antes habíase supuesto.
Se puede abrigar la seguridad absoluta de que el desciframiento de la escritura micénica aportará una mayor claridad al conocimiento no sólo de la época micénica, sino también al llamado período homérico. Sin embargo, en tanto el estudio de la «escritura lineal B» siga aún muy distante de la perfección y no todas las dificultades en el camino de su total desciframiento se hallen superadas, hay que observar al respecto mucho cuidado. Gran parte de las muchas deducciones planteadas se presenta por el momento como algo prematura. Aun cuando toda una serie de denominaciones toponímicas y nombres de dioses que aparecen en la epopeya ha coincidido con las inscripciones, las descripciones homéricas de las economías de Alcinoo y de Ulises, en las que muchos ven reminiscencias típicas de la época micénica, apenas si pueden ser reconocidas como plenamente coincidentes con la economía del castillo de Pilos reflejada en sus inscripciones. Por ejemplo: si en el primer caso nos encontramos con un aprovechamiento muy limitado aún del trabajo de los esclavos, cuyo número no supera todavía los 50, o quizá los 100, en el segundo caso, en cambio, tenemos ante nosotros un sistema económico completo y desarrollado, vinculado con la explotación del trabajo de muchos centenares de esclavos, dependientes y artesanos. Y quizá no sea casual que el término doulos —esclavo— que, al parecer, corresponde al término que le es cercano fonéticamente, doe-ro, de las inscripciones de Pilos, casi desaparezca del lenguaje del período homérico, para renacer posteriormente y recibir nueva difusión en la época de las relaciones esclavistas desarrolladas en la época clásica. La falta de coincidencia del epos homérico con las inscripciones, aun en aquellos casos en que contamos con bases para suponer que hay reminiscencias de la época micénica en los poemas, apenas si puede ser reconocida como casual.
No debe perderse de vista que el contenido básico de los poemas, según el punto de vista sólidamente establecido en la ciencia y hasta el momento incólume, se había creado ya en la edad del hierro y que, en lo fundamental, refleja la situación de los siglos XI a IX a. C. En ese entonces, los palacios y castillos micénicos se hallaban en ruinas desde hacía ya largo tiempo, y muchas de las particularidades económico-sociales de la época precedente habían sido barridas por completo por la invasión doria; en la memoria del pueblo se habían conservado de las mismas apenas unas vagas reminiscencias. Por ello, aun cuando ambos poemas están concebidos y mantenidos conscientemente como un relato de tiempos muy remotos, y el poeta invoca a las musas, «hijas del gran crónida», para que le ayuden a revivir en su memoria el pasado lejano, nosotros estamos en el derecho de suponer que no siempre lo lograba y que, intencionadamente o no, interpretaba frecuentemente esos lejanos recuerdos dentro de los conceptos y de las categorías de sus contemporáneos. Se ha podido advertir así, hace mucho ya, que al mencionar en su orden (cuando en el relato se habla de los metales) el bronce, y no el hierro, el poeta no se atiene rigurosamente a la consecutividad histórica en sus imágenes y aforismos; encontramos en sus páginas, por ejemplo, la expresión «alma férrea», o el aforismo «el hierro sólo llama a sí a los varones» (en el sentido de que los empuja a que tomen armas), esto es, expresiones que atestiguan incondicionalmente que en el siglo en que se formó definitivamente el contenido de estos poemas el hierro había penetrado con solidez en la vida del pueblo.Dadas todas estas condiciones, el epos homérico representa una importantísima fuente para el conocimiento de la vida histórica griega no tanto del período micénico como del pos micénico, con el predominio, característico para él, de rasgos del régimen del clan familiar, de la gens»[1]
[1] STRUVE V.V. Historia de la antigua Grecia Tomo I. Biblioteca de Historia Sarpe, Madrid 1986.

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